viernes

Hoy: Cosas que me gustaría saber...

...bailar así:

miércoles

Por la carretera



ON THE ROAD, VOL 1

Niceto, Lado b
viernes 15 de enero
a la medianoche, puntual

en vivo:
Los Colmillos
Niño Elefante

poesía en acción:
Ceci Mtz Ruppel

Djs
JM pulenta
Ale Ban
Lico Nantos
Tia Rocks

road Movie:
Vanishing Point
( Richard C. Sarafian, 1971)

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+

Como niña

Hoy viajaba en colectivo soportando los 35º de sensación térmica cuando una gota se coló por la ventana y fue a parar directo al libro que leía. Me alegró notarlo, era la prueba concreta de que podía bajar la temperatura, por el ciclo natural de las cosas. Dirigí la vista al cielo y a los segundos vi un rayo. Fue precioso, como si alguien hubiera de repente tensado un hilo eléctrico o como si se hubiera rajado un espejo gigante. Me di cuenta que en esta ciudad vi cientos de relámpagos y tormentas y lluvias y granizo y hasta nieve, pero nunca un rayo. Queda tanto por descubrir que me impresiona.

lunes

El arrullo melancólico


Yo conocí a Lhasa de Sela hace unos seis años, cuando mi amiga Sole me grabó su música en un cd virgen que me entregó en un sobre hecho por ella, abrochado y con el nombre escrito en marcador. Me encantó; era melancólico y con esos aires mexicanos que tanto aprecio; era tan desgarrador como dulce así que supuso que me iba a gustar, y acertó. Al tiempo de gastarlo mi amiga falleció de cáncer y me aferré a ese disco que tenía su letra y encerraba canciones tan sentidas. Ahora me acabo de enterar que falleció Lhasa, de cáncer, y me da mucha pena. Hace unos meses salió su último disco y miré su web con esperanzas de que viniera a tocar acá, pero decían que por su enfermedad los shows en vivo le generaban mucho estrés, por lo que había suspendido las giras. Hace unos meses hice la reseña de ese disco para la revista en que trabajo; la comparto para que aquellos que no la conocían la conozcan ahora y puedan disfrutar de su hermosa voz. Que en paz descanse.

Disco: Lhasa

Cualquiera que no haya escuchado nunca a Lhasa de Sela puede hacer la siguiente prueba: entrar a Internet, buscar un video de esta mujer y mirarlo sin encender los parlantes. Lo más probable es que el espectador no se imagine que esa muchacha de aspecto frágil, que podría hacerse pasar por un hada si se pusiera alas, porta una voz grave y demoledora que, sin embargo, no deja de transmitir dulzura. Eso vuelve a reflejarse en su más reciente disco, simplemente llamado "Lhasa". Se trata de un compendio de doce canciones en el que la cantautora norteamericana de padres mexicanos plasma toda su personalidad para, esta vez en inglés, despegarse un poco de las influencias latinas y arrimarse a los sonidos del jazz.
El disco abre con "Is Anything Wrong", casi una canción de cuna folk, continúa con la balada "Rising" -probablemente uno de los mejores temas de este tercer álbum- y se sucede con sutileza hasta embriagar los oídos con una dulce lista que incluye gemas como "Bells", "Fool's Gold" y, más a lo Cat Power, "Love Came Here".
Como si de un disco de covers se tratara, la tibieza de las melodías y la voz de la compositora resultan familiares aun en la primera escucha, y aunque Lhasa suene melancólica como siempre (según informan desde su sitio web, se encuentra enferma y debió suspender la gira de presentación del disco por el estrés que provocan los shows en su tratamiento), esta vez la tristeza que caracterizó su primera placa da paso a sonidos que esparcen belleza a partir de piezas que suenan sinceras y encantadoras.
Lhasa se ocupó también de los arreglos y la producción del álbum que, ya lanzado en el exterior, se espera desembarque en las bateas locales. Amén.

Justo me agarraste leyendo

sábado

Esta semana es

roja, conocimiento inicia

jueves

¡Muestra virtual de fin de año mientras espero al profe y alumnas de dibujo!

Sta. Panda
(lapicera de gel)

Hombre inteligente se enamora de mujer mayor (de su tamaño)
(lápiz, ejercicio para buscar figuras en líneas hechas al azar)

Juani
(lapicera y resaltador, copia de foto)


Pájaro ninja
(dibujo mío en lápiz, pintado en photoshop por el profesor)


Siempre ando despeinada (o una señora de aspecto amable y peinado imposible)
(lápiz y lapicera)

La pareja que faltaba


miércoles

No estamos locos, que sabemos lo que queremos

martes

Memorias en la sala de espera

En la sala de espera de la ginecóloga suena Bob Marley y hay un pajarito posado fuera del ventanal del segundo piso. LLueve de ese lado y el cielo está cargado, todos cargamos algo. Hay cuatro mujeres y un hombre que aguardan por ser atendidos, o bien a alguien. Sólo dos leen: el hombre una revista y una señora un cupón sobre tratamientos estéticos. La definición de lo estéticamente bonito está tan vapuleada que subestimo al folleto por completo y ni lo agarro; es evidente que entre las opciones a elegir para embellecerse uno no están ni la poesía ni ese cielo cargado que miro de reojo.

Llegué media hora antes al consultorio. Se ve que tengo el primer turno porque ni siquiera llegó mi doctora. Me vine así nomás, como un cocoliche ambulante. Vans negras y blancas, piernas pálidas (hacen juego), minifalda negra, remera blanca con manchas amarillas, lilas, verde agua y color durazno (colores que no están entre mis favoritos pero que mezclados sobre esa tela quedan bien) y bolso rojo con flores en tonos de marrones y beige, uñas negras. Me río de mí misma cuando reparo en esas combinaciones y pretendo no llamar la atención; pongo el teléfono en vibrador porque estoy esperando una llamada e imagino demasiado violento el momento en que el casi-silencio que hay acá se quiebre con un tema de Pixies de ringtone. Acá hay música funcional, pero bajita. Las paredes con reproducciones de Klimt tampoco desentonan con lo que el común de la gente -valga aquí la redundancia- espera de una sala de espera.

Recibo la llamada que aguardaba y combino con un amigo para tomar algo en un rato. Antes era estructurada como para hacer ese tipo de cosas, llamar a alguien e interrumpir su rutina sin haberlo planeado antes. Ahora me gusta eso de llamar a alguien y decirle "¿por dónde andás? yo ando por tu casa, ¿hacemos algo?", y que diga que sí. Corto y noto que cambió la música; suena una versión en español de un tema de Aerosmith, siento que lo destrozaron y quedó como una canción ideal para una gala de Operación Triunfo. Yo banco mucho a Aerosmith, fue la primera banda grande que fui a ver a un estadio. El tema éste que suena en la clínica es el de la banda de sonido de la película Armagedon, que es muy balada comercial, pero yo respeto a los muchachos. Volví a verlos hace dos años con Velvet Revolver y la rompieron. Tyler me impresionó porque de cerca parecía una calavera, parecía el conductor de Cuentos de la cripta, pero así y todo la energía que le ponía al show era la misma que cuando yo tenía doce años y me enamoró su sombra bailando detrás de una tela acebrada que cubría todo el escenario para dar inicio al recital al ritmo de una percusión precisa y alucinante.

Al lado mío se sientan dos mujeres que vienen juntas; una mira hacia mi cuaderno y me inhibe pensar que está leyendo qué escribo. Es una tontería porque después voy a mostrarlo, pero desde la ausencia tácita que implican la virtualidad, los fanzines, los libros y las letras (excepto que sean leídas en vivo). Me doy cuenta igual que no está viendo qué escribo sino mi agenda, porque le comenta a su amiga que tengo una agenda de Egon Schiele. Reparo entonces en que estoy Schielizada, si eso existe; no, no existe, claramente estoy inventando el término. La agenda, 2009, era negra y lisa, me la mandó Faber Castell de regalo de fin de año al diario, tiene nada más mis iniciales grabadas, yo para ponerle un poco de onda, inmersa en esa manía de personalizar las cosas (stickers aquí y allá, imanes, pins, lo que sea), fotocopié a color las reproducciones de un libro y se las pegué con contac duro encima. Quedó bastante bien. Cuestión que con Schiele, prácticamente lo mismo hice con el blog y el twitter, aunque de forma virtual.

Y todo esto lo cuento simplemente porque me olvidé de guardar en la cartera el libro que estoy leyendo así que me puse a escribir para ejercitar la narrativa, que tan descuidada la tengo entre el periodismo y la poesía. Pero es probable que pare en breve porque veo que llegó mi doctora. Hay una paciente antes que yo pero yo llegué primera, me pregunto a quién atenderán antes.
Mientras rememoro situaciones que tienen que ver con mi doctora, o situaciones en las que me vi envuelta antes o después de visitarla. La última vez que vine estaba leyendo a Mario Levrero. La anteúltima me acompañó Juan, que vive por acá. Ese día yo estrenaba un vestido hermoso, aunque con un corte raro. Cuando volví a mi casa, ya sola, subí al colectivo y un flaco de unos 30 años me ofreció el asiento creyendo que estaba embarazada. Me reí mientras le hice que no con la cabeza y se notó que él se quería matar; seguro pensó que hubiera estado bien que lo tragara la tierra. Al llegar a mi casa saludé al Señor Nakata y fui al espejo a mirarme de cuerpo entero, de perfil. No es que quisiera confirmar si estaba embarazada o no, porque justamente venía de la ginecóloga y quiero creer que es lo suficientemente buena en lo suyo como para haber notado si estaba embarazada, tendría que habérmelo dicho. Lo que quería comprobar al mirarme al espejo es si parecía embarazada, y la verdad que sí, el vestido me quedaba muy grande así que lo mandé a achicar.

La vez anterior-anterior que fui a lo de esa doctora me puse a pensar en la sala de espera que cuando yo saliera iba a ser justo la hora en que salía de su trabajo un chico con el que había estado y trabajaba por ahí. Es un flaco re copado, pero no me lo quería cruzar porque la onda no fluía mucho por esas épocas la verdad, cuestiones de la vida. Pensé que seguro, de estar, iba a estar en alguna parada de colectivo, así que yo caminé mirando fijamente las vidrieras, para no verlo. Pero mi lógica no funcionó: voy caminando mirando hacia las fachadas de los locales y bares y ahí lo veo, parado contra la pared, ¡insólito! Nos miramos con sorpresa y el gesto no fue de "qué alegría, mirá a quién me vengo a encontrar" sino de desconcierto. Tampoco fue un "qué bajón por favor encontrarme a esta mina", pero fue un gesto apático y creo que yo debo haber tenido el mismo, oficiamos de espejos. Nos saludamos, nos preguntábamos cómo andábamos, me contó que estaba esperando a un amigo en común y le dije que me iba porque tenía cosas que hacer.
Me dio un poco de melancolía el pensar que dos personas un día pueden hablar durante unas ocho horas seguidas caminando sin rumbo, y al poco tiempo no encuentran qué decirse, pero también me sentí contenta de haber aprendido a no forzar las cosas y no hacerme mal a mí misma. En otro momento, cuanto menos onda hubiera probablemente yo más me hubiese enganchado con un tipo, por pura autodestructiva que era. Esa vez hasta sonreí caminando hacia la librería donde quería comprar unos bastidores, a una cuadra.

Qué pasó las otras veces que fui a ver a esa doctora ya no me acuerdo porque pasó mucho tiempo. O quizás no pasó tanto tiempo, pero no recuerdo nada significativo.

lunes

Y llovía llovía

Me salió tan rico el mate que me da pena irme antes de que se lave.

Me re pintó la melancolía.

Me bajaría del colectivo antes de la redacción, en un café donde quedarme escribiendo y leyendo toda la tarde al lado de una ventana.

Cada vez que pienso en "y llovía y llovía..." me acuerdo de la película Whisky; me gustó tanto que la vi dos veces en el cine, en la privada de prensa con Su y después con Juan. Después se suicidó el director, Juan Pablo Rebella. También me había encantado 25 Watts. Es triste cuando uno sabe que no va a ver ninguna obra más de alguien que le gustaba, como cuando se separa tu banda favorita.

Me voy a estrenar el paraguas transparente que me obsequiaron la noche del 24.

Ojalá viaje sentada así puedo leer tranquila.

Para cantar a los gritos y empezar bien la semana

domingo

La vibración

Este año anduve muy vaga para ir a recitales; ninguna banda me motiva sobremanera así que bajé notablemente la asistencia a escuchar música en vivo. Así y todo anoche estaba cenando con hermanos y amigos y por otro lado tocaba Colonia de ciervos ahí cerquita y me dije: ¿me mando o no me mando? Me daba mucha fiaca y no conocía el lugar donde era la tocata pero me pareció que iba a estar bien cerrar el año con música en vivo. Así que a la una de la mañana me fui hasta ahí frente al Cantón, un departamento tipo casa de techos altos, con muestra de arte, patiecito con mesas, la verdad muy ameno todo, y estaban ahí los chicos de Colonia y otras gentes lindas y cuando tocaron, un set, un extenso tema único, sentí como si hubiera ido a recitales todos los fines de semana del año. Porque en el no-tiempo no importan las horas o el espacio, y ellos hacen una música tan abarcativa que, de aquel recital a éste, no dejaron el menor espacio sin llenar. Cerré los ojos, y todo lo vi más claro.

Head on

Sí, cambié todo de nuevo; me di cuenta que el fondo negro no es lo mío y la claridad va mejor por estas épocas.

De todos modos hoy me levanté y, precisamente, no había luz en casa. Llamé a Edesur y me dijeron que volvería alrededor de las siete.

El tiempo se me pasó volando; se pueden hacer un montón de cosas lindas entre las sombras.

sábado

Los sueños sueños son, pero aquí, se hacen realidad

Pienso en lo que guardo
en el fondo de mi corazón
y me pregunto: ¿por qué no sale?

Miro el paisaje y me respondo:
"no está muy lindo afuera,
mejor quedarse dentro".

Así y todo estaría bueno compartamos
un té, un brownie, una merienda
con todo aquello que ronronea
callado, ahí en el fondo.

De vez en cuando el corazón
me susurra, en silencio, todo lo que quisiera
proyecta porque soñar
le parece admitir
un fracaso adelantado.

Yo imagino para atrás
cosas que podrían haber sido:

Ir a Atrévase a soñar, por ejemplo
vestida con una camisola de hombreras
un pantalón pinzado
el pelo batido
los párpados bien verdes.

Esperar la invitación de Berugo
caminar el arco-iris como si fuera mío
salir renovada, hecha una reina
la sonrisa plena empotrada en mi cara
como una repisa donde apoyar tu boca.

Y entonces ver que sí,
que alcoyana-alcoyana
entre mis intenciones y las del universo;
sería tan lindo, ¿no?
verse generar las coincidencias.

martes

Ventajas de trabajo

Viniendo para la redacción me enojé un momento conmigo porque en el colectivo abrí el bolso para sacar un libro y vi que había olvidado el que pensaba empezar, encima del sillón. Por suerte entré al edificio donde trabajo y me dieron un paquete con cinco libros. Son las 22.48 y sigo acá, de cierre, esperando la cena que llegará vía delivery, escuchando música y trabajando. Seguramente tenga para otro rato, pero al menos de regreso a casa voy a tener para elegir qué leer.

lunes

Música para esperar el 2012 y escaparle a los villancicos*

El año pasado para las fiestas, a modo de regalo virtual, armé un compilado para descargar de la red. Como tuvo una excelente repercusión, para estas celebraciones sin sentido insisto con musicalizarles otro rato de sus vidas.

Estoy muy feliz con el balance del año y por fin fui a México!!!!! Por eso se me ocurrió poner la lupa ahí.
Lo que pueden descargar es un compilado de 50 canciones de rock mexicano (definición tan poco específica como decir "rock nacional"), la mayoría emblemáticas. Desde bandas legendarias (algunas ya disueltas) que escuché durante mi adolescencia, hasta otras modernas, mujeres que la rockean, poesía, perlas insólitas, ska y mucho sabor, "porque somos latinos" (¡!)

Completé con un par de temas que no son rockeros pero son lo más, como Celso Piña y Juan Gabriel.
Por la variedad creo que todos van a encontrar algún que otro tema que les guste, y tanto melómanos como curiosos podrán tener un panorama general de cómo es la cosa por tierras mayas. El quid de la cuestión es compartir algo :)

Para bajarlo, click aquí.

Después el que quiera me cuenta qué banda le gustó más.

¡Cariños a todos!

*Este post va especialmente dedicado a los chicos de Waska, que me armaron casi todo el soundtrack del año. ¡Gracias!

sábado

Una frase

Ayer me agarró melancolía y me la pasé escuchando mis amados discos de Caifanes. Me quedó dando vueltas una frase increíble en la que me detengo cada vez que Saúl Hernández canta:

Para un alma eterna cada piedra es un altar.



Fah.

viernes

Jugá limpio

martes

Atadxs a la reacción


"Atada a la reacción" es una antología de poesía unisex editada por Nulú Bonsai que reúne a 40 autores y se presentará el 1º de enero de 2010, para comenzar el año a puras letras. Yo participo con un poema de "La reacción opuesta" (parece que tengo algo con "la reacción" en los títulos!) y otro inédito. El jueves próximo se celebrará el proyecto con música y, por supuesto, poesía. La entrada es gratuita y quedan todxs invitadxs.